Kimberley Donoghue
“I saw you taking some pictures of my girls over there”, me dice una mujer negra con acento sureño. Mierda, pienso. Ahora me pedirá pasta por sacar fotos a sus horribles muñecas.
“Hacía tiempo que no habían tomado el sol. Y decidí llevármelas hoy para que no estuvieran en casa solas. Son mis muñequitas. ¿A qué están preciosas?”
ERM…
“Ésta es Sally. Ella es mi favorita. Sal-ly De-Ray.”
“Esta otra es Delilah. Todos los sombreros son hechos a mano. Pruébate uno … sin compromiso … seguro que te lo quedarás. Venden como churros. La semana pasada tuve que cerrar porque se me llevaron todos. He tenido que contratar a unos ayudantes para hacer estos. Seguro que te gusta. Pruebate este…” Escoge el sombrero de la manequí blanca para la chica blanca. Sútil. Muy sútil.
Los “flea markets” o rastrillos son muy integrados en la vida estadounidense. En los meses de buen tiempo, cada fin de semana se puede ver carteles, escritos con rotuladores Sharpie, en todos los punto estratégicos del barrio.
Una ventana en la vida de los vendedores. Los libros de auto-ayuda, los libros de divorcios, los libros de nombres de bébé. Las televisiones que ya no funcionan. Los patines de los hijos ya crecidos y casados con sus propias familias.
Es un proceso de limpieza espiritual. A causa de mudanza, jubilación o simplemente una crisis nerviosa, decidimos que ya no queremos almacenar todos estos recuerdos porque son eso, recuerdos. Nadie va volver a ponerse esos pantalones de esquí tan ochenteros.







