Las ocurrencias de Chema Madoz

por Eliett Cabezas

No sé cuántas alcantarillas habrán en Madrid, pero sé que son muchas y que no son precisamente bellas ni poéticas. Son sucias. La porquería que se acumula en la ciudad se cuela por sus rendijas como cayendo a un abismo sin fin, todo se va corriente abajo cuando por la noche, los camiones de limpieza rocían las calles con agua a presión.

Los orines, los ríos de orines de los “incontenidos” se diluyen con estos manguerazos de agua tratada, y el mal olor se apacigua. Nada de esto me evoca alguna imagen poética. En cambio, al fotógrafo Chema Madoz (Madrid, 1958) sí. Él vio esas alcantarillas y se le ocurrieron cosas, cosas que luego retrató a su manera.

unoDespojó a esa pieza de hierro, incrustada en el pavimento, de su significado original. La descontextualizó, y jugó a darle otra vida: ¡un escurridor de platos! Le reinventó la existencia con la ironía que le caracteriza; transformó la inherente connotación de objeto mugriento por lo opuesto: contenedor de lo pulcro, pulcritud de vajilla recién lavada.

Así crea poesía Madoz, trabajando, a su antojo y a veces de manera siniestra, con los conceptos de los objetos. Su lenguaje es la imagen, y su verbo los objetos, que se alteran y se mezclan sin violencia, “parecen flotar o pertenecer a lugares fuera del tiempo y la realidad”, dicen sus editores.

Al teclear ahora el nombre de Chema Madoz, he pensado en el personaje del Mago de Oz; no sólo por la rima que brota de sus nombres, sino porque son hombres que explotan su sentido común y  construyen mundos fantásticos, donde el imposible es sólo algo relativo.

Madoz consigue simplificar lo complejo y logra que sus imágenes, con pocos elementos, digan mucho. Cada una de ellas sorprende e inquieta por el ingenio que esconden. Suelen ser fotografías que apelan a la imaginación y los sentidos, ofreciendo un amplio universo de posibles interpretaciones.

“La belleza, si es que aparece en mi obra, no es un objetivo primordial. Lo que sí persigo es la reflexión que el público puede hacer del entorno en el que vivimos a partir de unas imágenes”, dijo el fotógrafo en una conferencia que dio este fin de semana, en el Festival Eñe que se realizó en el Círculo de Bellas Artes.

Cuenta Madoz, que a él desde un principio lo que le interesaba era encontrar su propia voz narrativa a través de las imágenes. Quería hacer algo diferente a lo que estaban haciendo los demás, y finalmente en 1990, después de cinco años de constante trabajo encontró la respuesta: crear un mundo en el que cada una de las imágenes soñadas por él fuera una criatura animada.

Fotografió “una escalera apoyada contra la pared. Justo en el punto de apoyo, un espejo reproduceescalerala otra mitad que falta, dando la falsa impresión de que se trata de una escalera de dos patas. La imagen, cargada de poesía, da paso a un nuevo artista”, dice el editor del libro recién publicado, Chema Madoz. Obras Maestras (La Fábrica, 2009).

Se trata de una antología que cuenta la historia de su vida y sus fotografías, a través de más de 300 imágenes. A la vez que ofrece un riguroso análisis de su obra gracias a la contribución del fotógrafo Duano Muchals, el crítico Christian Caujolle, la historiadora Estrella de Diego y la curadora Olivia María Rubio.

Con el lanzamiento de este libro, La Fábrica Editorial inaugura la colección Obras Maestras que estará dedicada a grandes fotógrafos contemporáneos. El siguiente volumen, previsto para abril de 2010, estará dedicado a Francesc Català-Roca.

Comentarios desactivados

Archivado bajo Arte y Cultura, Fotografía

Los comentarios están cerrados.