Por Eliett Cabezas y Enrico Lorenzini
Desde hace un par de años que, por la especulación inmobiliaria, el barrio histórico de Santa Catarina dejó de ser el getto de los inmigrantes dominicanos, pero todavía es el lugar de algunos comercios que traen pedacitos de la Républica Dominicana a Barcelona. Las fondas y las peluquerías son de los más visitados, en especial los fines de semana.
A través del vitral de la peluquería Ermis, puede verse desde la calle a hombres y mujeres frente al espejo aguantando estoicamente el calor y los jaloneos de cabeza por los que deben de pasar para alcanzar la imagen deseada. Esperanza Pérez (55), dominicana de Los Ríos y ex vecina del barrio, entrega su melena a las manos y la creatividad de Ermis Mora, estilista con más de 10 años de experiencia, según lo indican los títulos que cuelgan detrás del mostrador.

Barbería D-L&M
Cuenta Pérez que cada sábado llega por la mañana a esta su “segunda casa” para que le arreglen el cabello, y explica que le gusta visitar este centro de belleza por la calidez del trato y porque se siente “como si estuviera allí –en República Dominicana-”, debido a que es atendida por una paisana.
Ermis, propietaria de la peluquería que lleva su nombre, señala que justo el sábado es el día de más trabajo para ella y su gente, porque “es cuando los que ya no viven en el barrio tienen tiempo para venir hasta aquí”.
Su establecimiento, de proporciones modestas, es sencillo, pero acogedor. Al entrar uno se embuelle en esa atmófera colorida y desenfadada que caracteriza al trópico caribeño, y percibe de rebote un alo de nostalgia, impreso por las banderas dominicanas que se reflejan como eco en los espejos.

Peluquería Ermis
Ermis una de las diez peluquerías dominicanas que todavía quedan en este barrio, el cual hace treinta años era el punto de llegada para los inmigrantes dominicanos en Barcelona. Pérez fue una de esas mujeres, cabeza de familia, que primero se afincó aquí. Sólo que ahora, debido al rápido aumento de los alquileres, se ha mudado a Hospitalet de Llobregat, una zona periférica de la ciudad que le resulta más económica.
Al parecer estas peluquerías son algo más que salones de belleza; son espacios de encuentro y de apoyo para los dominicanos, principalmente para los que acaban de llegar a Cataluña. Así que es natural escuchar ahí dentro conversaciones que van más allá del cotilleo.
“Aquí nos cuentan sus penas y sus alegrías”, dice Lorenzo Segura, un ex militar dominicano que ahora tiene su propia barbería, D-L&M.

Barbería D-L&M
Hay quienes entran para hacerse un corte de pelo o una manicura, pero salen con eso y algo más; sí, algo que puede ser la solución a sus problemas. Los dominicanos son una comunidad muy unida y solidaria. Entre ellos buscan siempre la manera de ayudarse, aunque sea sólo pasándose números de teléfono.
La mayoría de estos centros de imagen personal están dirigidos a mujeres, lo que no es casual, porque cifras oficiales del Ayuntamiento revelan que el 60% de los 6.500 dominicanos registrados en Barcelona son mujeres. Los mismos miembros de la comunidad dominicana aseguran que han sido ellas las pioneras de la emigración de su país a España.
Para comprender el éxito de estos pequeños negocios familiares en Barcelona, hay que saber que para los dominicanos las visitas a las estéticas no son un lujo ocasional; son parte de su cultura. Para ellos cuidar su imagen es tan importante como atender cualquier necesidad básica.

Una peluquería dominicana del barrio de Santa Catarina
“La mujer dominicana es muy presumida. Siempre va pintada. Allá todo mundo va muy bien arreglado… y los hombres también”, dice Pérez mientras su estilista le prepara el tinte que está por aplicarle.
Incluso en Internet se han vuelto populares los foros abiertos de mujeres dominicanas que están desesperadas porque no encuentran aquí los productos que necesitan. Cada día los usuarios dejan nuevos posts en los que se pasan información y se dan recomendaciones, en las que por supuesto no faltan los salones de belleza.

Ermis Mora, estilista dominicana
Las dominicanas dicen que no suelen visitar peluquerías europeas por una razón simple: consideran que no entienden su tipo de pelo.
“El pelo tropical, es grueso, rizado y de muy buena calidad, necesita humedad e hidratación, y hay que tratarlo con productos diferentes”, explica Maripaz Martínez, directora del Internacional Llongueras Center, un reconocido centro de especialización para peluqueros en España.
Tanto Ermis como D-L&M tienen una clientela cautiva, entre otras razones, porque sus precios son más bajos que los de las peluquerías y barberías españolas. Mientras en Ermis un corte de pelo ronda los 8€, un tinte 18€ y un alisado 20€, en la peluquería catalana que está a cinco calles, Anthony Llobet, cada uno de estos servicios cuesta tres veces más.
Los dominicanos también prefieren ir a los comercios de sus compatriotas porque les gusta ese ambiente donde la música es el alma del lugar. Así que al ritmo de bachatas, merengues y reggaetón, peluqueras y barberos tijeretean sin perder la concentración.
Con tremenda agilidad, Ermis moldeó el pelo tropical de su clienta hasta dejárselo como se lo pidió: liso, sedoso y brillante. Una vez más, Esperanza Peréz quedó contenta con el resultado. Y tras despedirse de sus amigas de salón, se le ve salir de ahí con la mirada altiva, contoneándose con soltura por las estrechas calles de su antiguo barrio, Santa Catarina.


